Durante una cirugía de cerebro todo es muy intenso. La operación exige una concentración absoluta. Puede durar varias horas. A veces, los pacientes están despiertos mientras los médicos intentan extraer un tumor. Así se evitan daños irreversibles. Constantemente aparecen técnicas innovadoras, distintas formas de tratar una lesión neuronal. Con el objetivo de aprender esto, cada vez más médicos extranjeros eligen el hospital Padilla para formarse. Los profesionales se llevan grandes sorpresas no solo por los casos en los que les toca intervenir, sino también por la realidad de los tucumanos.
Elder Castro Castilla, de 40 años, vino por tres meses. En Lima, Perú, está haciendo la residencia para ser neurocirujano. Eligió nuestra provincia para aprender porque dentro de Latinoamérica considera que la medicina de Argentina tiene mucho prestigio. Andreina Acevedo Mantilla, de 33 años, llegó el 5 enero desde Caracas, Venezuela, y se queda por seis meses. Hace unos años, en un congreso, vio las intervenciones quirúrgicas que se hacían en el Padilla y desde entonces soñaba con hacer prácticas aquí, confiesa.
Elder y Andreina están en Tucumán gracias a un programa por el cual médicos de cualquier parte del mundo pueden hacer prácticas en el hospital con el propósito de profundizar en un área específica (Ver “El programa...”).
Fue todo un desafío para ellos llegar en medio de la pandemia. “Aquí hemos visto casos únicos”, confiesa Elder. La cirugía más desafiante en la que participó fue la de un paciente que tenía un tumor profundo, del tamaño de una ciruela, entre el cerebelo y el tronco encefálico.
Castro Castilla cuenta que siempre le apasionó conocer cómo funciona el cerebro humano. En el futuro quiere dedicarse a las cirugías de base de cráneo. La misma especialidad quiere hacer Andreina. Actualmente se desempeña en el hospital Vargas, de Caracas, que es uno de los más importantes en su país. “En 2017 participé en un congreso en el que estaba el doctor Alvaro Campero (jefe del Servicio de Neurocirugía del Padilla) y me sorprendió la complejidad de los casos que se atienden aquí. Desde que llegué vimos cosas muy difíciles, que parecen hasta imposibles, pero que se trabajan en equipo y se resuelven. En Medicina pienso que es esencial salir a ver cómo se hacen las cosas en otras partes del mundo”, apunta.
Adaptación
El cambio cultural y de paisaje no fue menor para Elder y Andreina. “Me gustó mucho el lugar, la geografía, sobre todo las montañas porque hago trekking. Además, la gente me recibió de una manera muy cálida”, cuenta la doctora. “Me sorprendió la aceptación que tuve; cero xenofobia, algo que sí sufrimos bastante los venezolanos en otros países”, añade.
Tuvo la suerte de encontrarse con una amiga compatriota, que es médica y que se instaló en Tucumán huyendo de la crisis que caracterizó los últimos años a su país. Por ese mismo motivo, hay varios doctores que se mudaron a Argentina. “Creo que no me iría de Venezuela. Amo mi país. Además, estamos viendo de un tiempo a esta parte algunas mejoras, pareciera que estamos lentamente saliendo de la crisis”, reconoce Acevedo Mantilla. No obstante, opina que las decisiones políticas que se tomaron en medio de la pandemia no fueron las mejores y que es un secreto a voces la dolarización de la economía.
Andreina dice que la situación de actual de Argentina por momentos es como un déjà vu. “Por lo que veo y leo en las redes sociales, a veces me siento en una cápsula del tiempo, viviendo acá lo que pasamos hace unos años en Venezuela”, comenta.
“Me encariñé con Argentina; es un país bello. Me duele mucho ver algunas cosas que se asemejan a lo que pasamos en nuestro país: la inflación, los niños en la calle, gente revisando la basura. Ojalá Argentina no siga el mismo rumbo de Venezuela”, opina.
“Acá es muy bueno el trabajo que hacemos, y el recibimiento de los colegas también fue excelente. Mi proyecto es irme a mi país y terminar de perfeccionarme en mi especialidad”, agrega Elder.
Sobre el sistema de salud tucumano, lo que más les impresiona es el alto nivel de profesionales que tiene, cómo enseñan, investigan y publican lo que hacen en revistas médicas.
Falta de difusión
Aunque quedaron sorprendidos por los paisajes bellos de Tucumán, critican la falta de difusión de los lugares que se pueden visitar. Andreina, por ejemplo, cuenta que fue a Tafí del Valle, a San Javier y a la Cascada Los Alisos porque ella indagó en la web qué paseos podía realizar. “Hay zonas muy bonitas que están ocultas: no se promociona bien qué se puede conocer en la provincia”, reclama Elder.
Otra cosa que Acevedo Mantilla buscó en internet es una guía para aprender tucumano básico. “Había muchísimas palabras y frases que no entendía”, confiesa entre risas.
La comida, bajo la lupa
Lo que más extrañan de la vida en su ciudad es, sin dudas, la comida. Añoran los platos variados y todavía no pueden acostumbrarse a los horarios de la cena. “Yo quiero comer a las 7 de la tarde, pero aquí recién están merendando a esa hora. El otro día me invitaron a un asado y no lo podía creer: ¡hay gente que come un kilo de carne a las 12 de la noche!”, señala la doctora. En el mes y medio que lleva en la provincia, le sorprendió la cantidad de sal (“el triple de lo recomendado”) y de harinas que consumimos los tucumanos. “En ese sentido, me impactó la cantidad de pacientes que uno ve con diabetes e hipertensión -advierte Andreína-. Desde el punto de vista cultural y sanitario, seria necesario mejorar eso. Se podrían impulsar campañas de concientización para que haya costumbres alimentarias más saludables. Sería un gran beneficio para la salud pública”.